«Una crisis gestada hace años, medio siglo de ocupación que se invisibiliza muy a menudo«
Cada crisis migratoria en Ceuta deja imágenes que conmocionan. Hombres, mujeres y menores lanzándose al mar en busca de una oportunidad. Pero esas escenas no nacen en la playa. Son el último eslabón de una cadena de decisiones políticas, intereses estratégicos y un conflicto internacional que lleva casi medio siglo sin resolverse: el del Sáhara Occidental.

La tensión entre España y Marruecos nunca puede analizarse sin tener presente tres elementos: el Sáhara Occidental, las infundadas reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla y el equilibrio geopolítico del Magreb.
Rabat mantiene desde hace décadas que Ceuta y Melilla forman parte de su integridad territorial. Aunque ambas ciudades cuentan con pleno reconocimiento como parte del Estado español, su mención reaparece periódicamente en el discurso político marroquí, especialmente en momentos de tensión diplomática. ¿Otra marcha verde?….

A ello se suma el conflicto del Sáhara Occidental, donde el pueblo saharaui continúa reclamando el ejercicio de su derecho a la libre determinación conforme a las resoluciones y al proceso impulsado por Naciones Unidas. Décadas después del fracasado alto el fuego, la ausencia de una solución definitiva mantiene abierta una de las mayores heridas políticas del norte de África. Un proceso de descolonización inconcluso por parte de España.
En los últimos meses, el debate sobre iniciativas para reconocer mayores derechos a los saharauis, incluidas propuestas relativas al acceso a la nacionalidad española por sus vínculos históricos con España, junto con el fortalecimiento de la relación estratégica con Argelia, han añadido nuevos elementos de presión en una región donde cada movimiento diplomático tiene consecuencias.
Mientras tanto, diversas organizaciones españolas e internacionales de derechos humanos siguen denunciando restricciones a las libertades fundamentales, detenciones de activistas saharauis y otras presuntas vulneraciones de derechos humanos en el Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí. Una ocupación que espolia los recursos de un territorio que da múltiples beneficios a un Rey corrupto. Y no olvidemos que sin garantías para los derechos fundamentales y sin una salida política, el conflicto seguirá proyectándose sobre toda la región.

Las consecuencias terminan llegando a Ceuta. Allí, las personas migrantes dejan de ser individuos con nombre y apellido para convertirse en cifras, titulares y argumentos políticos. La crisis alimenta el miedo, endurece el debate público y ofrece terreno fértil para discursos cada vez más polarizados. Y no nos benefician los discursos de ese estilo. En España, algunos han convertido la presión migratoria sobre Ceuta y Melilla en uno de los ejes de sus propuestas sobre seguridad y control fronterizo, mientras otros sectores insisten en que la respuesta no puede desligarse del respeto a los derechos humanos y de la necesidad de abordar las causas profundas de la migración.
Reducir el debate a una confrontación entre apertura y cierre de fronteras supone ignorar el problema de fondo. Mientras el Sáhara Occidental continúe sin una solución política conforme al derecho internacional y persistan las tensiones entre España, Marruecos y Argelia, Ceuta seguirá siendo un escenario recurrente de crisis.
La solución no llegará con más confrontación ni con discursos que enfrenten a sociedades enteras. Llegará cuando el Mediterráneo deje de utilizarse como instrumento de presión política, cuando se respeten plenamente los derechos humanos en el Sáhara Occidental y cuando las partes implicadas recuperen una negociación seria bajo el amparo de Naciones Unidas que permita al pueblo saharaui decidir libremente su futuro.

Porque cada persona que se lanza al mar no es el origen del problema. Es la consecuencia visible de un conflicto político que lleva demasiado tiempo sin resolverse y de una región que necesita menos confrontación y más derecho internacional.
Desde Ajuda als Pobles, apelamos a la paz, a la legalidad internacional. Seguiremos incidiendo en la defensa de un Sáhara libre y seguiremos también poniendo en el centro a los seres humanos cómo personas y no cómo números.





















